Con recursos generados por el aprovechamiento de sus bienes comunitarios, San Pedro Atlapulco ha construido drenajes, calles, canchas, un auditorio, un kiosco y hasta una escuela, como parte de una tradición de trabajo colectivo que preserva sus usos y costumbres.
Ocoyoacac, Estado de México.— El arraigo de los habitantes de San Pedro Atlapulco hacia su territorio y sus usos y costumbres se ha traducido, a lo largo de los años, en obras que la propia comunidad financia con los recursos que genera el aprovechamiento de sus bienes naturales y su actividad turística.
La comunidad agraria e indígena cuenta con una extensión de aproximadamente 7 mil 110 hectáreas, territorio que sus habitantes han preservado durante generaciones y que consideran parte fundamental de su identidad.
Yadira Maribel Villela Esquivel, presidenta de la comunidad agraria e indígena de San Pedro Atlapulco, explicó que los recursos obtenidos de los bienes de uso común son destinados a atender necesidades colectivas, mediante decisiones tomadas por la asamblea comunitaria.
Entre las obras realizadas con recursos propios se encuentran drenajes, sistemas de agua, pavimentación de calles, banquetas, canchas deportivas, un kiosco y el auditorio comunal, además de una escuela que se encuentra próxima a ser inaugurada.
Uno de los ejemplos del trabajo colectivo es el sistema de agua, cuya infraestructura permitió llevar el recurso desde zonas ubicadas en la parte alta, a una distancia de entre 10 y 15 kilómetros, para atender las necesidades de la población.
La comunidad también ha desarrollado infraestructura turística y aprovechado de manera organizada sus recursos naturales. Los ingresos provenientes de bienes de uso común, como los estacionamientos y el aprovechamiento forestal autorizado, se destinan al beneficio general de la comunidad.
A diferencia de los ingresos individuales de restaurantes y otros establecimientos turísticos, que corresponden a quienes los operan y a sus familias, los recursos comunitarios son administrados conforme a las decisiones de la asamblea y se utilizan en obras y servicios para la población.
Este modelo forma parte de una organización que busca conservar el territorio sin dejarlo improductivo. La comunidad sostiene que la mejor manera de preservar sus recursos es utilizarlos de manera responsable, generando empleo y beneficios para sus habitantes.
En materia forestal, San Pedro Atlapulco cuenta con autorizaciones y estudios técnicos para realizar un aprovechamiento sustentable. Sin embargo, aun cuando existe una autorización de largo plazo, es la asamblea comunitaria la que determina cuándo se activa cada anualidad y bajo qué condiciones se realiza el aprovechamiento.
Actualmente, la comunidad trabaja en la anualidad número ocho, bajo los permisos correspondientes y con supervisión técnica, como parte de un esquema que busca mantener el equilibrio entre aprovechamiento y conservación.
Para los habitantes de San Pedro Atlapulco, conservar su territorio no significa únicamente mantener la propiedad de la tierra, sino preservar una forma de organización y una identidad construida durante generaciones.








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